" Las veintiuna reclamaciones y el despertar de la Nueva Cultura (1915)

Las veintiuna reclamaciones y el despertar de la Nueva Cultura (1915)

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¿En qué momento una civilización que durante siglos había confiado en sus instituciones, su cultura y su tradición comienza a preguntarse si esas mismas estructuras son incapaces de protegerla frente al mundo moderno?

A comienzos del siglo XX, muchos reformadores chinos habían llegado a una conclusión inquietante: China necesitaba transformarse. 
Desde el 洋务运动 Yángwù Yùndòng, Movimiento de Autofortalecimiento, hasta la 百日维新 Bǎirì Wéixīn, Reforma de los Cien Días, y la Revolución 辛亥 Xīnhài de 1911, las respuestas habían pasado por distintos caminos: modernizar el ejército, desarrollar la industria, reformar las instituciones, establecer una constitución y, finalmente, sustituir el imperio por una república.

Sin embargo, la caída de la dinastía 清 Qīng no había resuelto el problema. La nueva República de China seguía siendo políticamente frágil, económicamente dependiente y vulnerable ante las potencias extranjeras. En 1915, las llamadas 二十一条 Èrshíyī tiáo, Veintiuna reclamaciones, presentadas por Japón al gobierno de 袁世凯 Yuán Shìkǎi, hicieron visible hasta qué punto la soberanía china continuaba limitada.

La crisis no produjo por sí sola el 新文化运动 Xīn Wénhuà Yùndòng, Movimiento de la Nueva Cultura. Sus raíces intelectuales eran anteriores y sus protagonistas tenían posiciones muy diferentes entre sí. Pero las humillaciones sufridas durante los primeros años de la República contribuyeron a alimentar una pregunta cada vez más radical: si las reformas políticas no habían bastado, ¿era necesario transformar también la cultura, la educación, la literatura y la propia concepción del individuo?

Imagen actual del muelle antiguo de la ciudad de 青岛 Qīngdǎo

El tablero geopolítico: la Primera Guerra Mundial y la oportunidad japonesa

En 1914, el estallido de la Primera Guerra Mundial alteró profundamente el equilibrio internacional en Asia Oriental. Las potencias europeas concentraron buena parte de sus recursos en el conflicto europeo, mientras Japón, aliado de Gran Bretaña desde 1902, aprovechó la situación para ampliar su influencia regional.

En agosto de 1914, Japón declaró la guerra a Alemania y atacó las posiciones alemanas en la península de 山东 Shāndōng. Después de un sitio de varias semanas, las fuerzas japonesas ocuparon la ciudad de 青岛 Qīngdǎo y los territorios y derechos alemanes en la región. La operación militar podía presentarse como una acción contra Alemania, potencia enemiga en la guerra. Pero Tokio tenía objetivos mucho más amplios. El gobierno del primer ministro 大隈重信 Ōkuma Shigenobu y del ministro de Asuntos Exteriores 加藤高明 Katō Takaaki aprovechó la situación para intentar consolidar y extender los intereses japoneses en China.

El 18 de enero de 1915, el ministro japonés en Pekín, 日置益 Hioki Eki, presentó personalmente a 袁世凯 Yuán Shìkǎi un conjunto de veintiuna demandas. El carácter secreto de las negociaciones y la amplitud de las exigencias provocaron una profunda alarma en el gobierno chino.

La anatomía de las Veintiuna reclamaciones

Las demandas estaban organizadas en cinco grupos. No todas tenían el mismo alcance, y precisamente el quinto grupo era el que amenazaba de manera más directa con convertir la influencia japonesa en una tutela sobre el gobierno chino.

Grupo I: 山东 Shāndōng

El primer grupo buscaba que China reconociera los derechos que Japón había adquirido al ocupar las antiguas posiciones alemanas en 山东 Shāndōng. Japón pretendía obtener, entre otras cosas, el control de los derechos ferroviarios y mineros alemanes y el reconocimiento de su posición privilegiada en la provincia.

Grupo II: Manchuria meridional y Mongolia Interior oriental

El segundo grupo ampliaba considerablemente los privilegios japoneses en el sur de 满洲 Mǎnzhōu, Manchuria y el este de la Mongolia interior. Entre otras disposiciones, pretendía extender a noventa y nueve años determinados arrendamientos vinculados a 旅顺 Lǚshùn, 大连 Dàlián y al Ferrocarril del Sur de Manchuria, además de ampliar los derechos japoneses de residencia, actividad económica y jurisdicción en esas regiones.

Grupo III: la compañía 汉冶萍 Hànyěpíng

El tercer grupo se refería a la importante compañía siderúrgica y minera 汉冶萍 Hànyěpíng. Japón pretendía obtener una posición privilegiada en su administración y explotación, limitando la posibilidad de que China dispusiera libremente de la empresa o recurriera a capital extranjero distinto del japonés.

Grupo IV: las concesiones costeras

El cuarto grupo pretendía que China se comprometiera a no ceder ni arrendar nuevos puertos, bahías o islas de su litoral a otras potencias extranjeras. La disposición no otorgaba simplemente un territorio concreto a Japón: buscaba impedir que otras potencias ampliaran sus posiciones en China y, al mismo tiempo, consolidaba el peso relativo de Japón.

Grupo V: la cuestión de la soberanía

El quinto grupo era cualitativamente diferente. Sus propuestas incluían la contratación de asesores japoneses para el gobierno chino, la participación japonesa en la organización policial, la adquisición de armamento japonés y la creación de empresas conjuntas en determinados sectores estratégicos. También incluía disposiciones relativas a las actividades misioneras japonesas, las comunicaciones ferroviarias y la provincia de 福建 Fújiàn.

Aceptadas en su totalidad, estas disposiciones habrían otorgado a Japón una influencia extraordinaria sobre la administración china. No es casual que fueran precisamente estas cláusulas las que provocaran la mayor resistencia internacional y china.

袁世凯 Yuán Shìkǎi, consciente de la debilidad militar y financiera de China, trató de ganar tiempo y de movilizar a la opinión pública internacional. El contenido de las negociaciones terminó trascendiendo, y Estados Unidos y otras potencias manifestaron su oposición a determinadas exigencias japonesas.

Finalmente, el 7 de mayo de 1915, Japón presentó un ultimátum. Exigía que China aceptara los cuatro primeros grupos y varias disposiciones revisadas relacionadas con 福建 Fújiàn, mientras que cinco artículos del Grupo V quedaban aplazados para futuras negociaciones. El gobierno de 袁世凯 Yuán Shìkǎi aceptó las condiciones el 9 de mayo. Los acuerdos definitivos se formalizaron el 25 de mayo. La fecha del 9 de mayo quedó posteriormente asociada en China con la expresión Día de la Humillación Nacional 国耻日 guóchǐ rì. Las Veintiuna reclamaciones alimentaron un fuerte sentimiento nacionalista y contribuyeron a desacreditar todavía más al gobierno de 袁世凯 Yuán Shìkǎi.

Cuando la revolución política ya no parecía suficiente

La crisis de 1915 no debe entenderse como si los intelectuales chinos hubieran descubierto repentinamente que la cultura era el verdadero problema. La crítica de la tradición y la búsqueda de una nueva cultura habían comenzado mucho antes.

Desde finales de la dinastía 清 Qīng, intelectuales como 康有为 Kāng Yǒuwéi, 梁启超 Liáng Qǐchāo y otros habían cuestionado la capacidad de las instituciones tradicionales para responder a un mundo dominado por los Estados nacionales, la ciencia moderna y el imperialismo. Después de 1911, la instauración de la república tampoco produjo la estabilidad esperada.

La propia trayectoria de 袁世凯 Yuán Shìkǎi contribuyó a esa desilusión. Tras consolidar su poder como presidente, debilitó las instituciones parlamentarias y terminó intentando restaurar la monarquía bajo su propia figura, adoptando en 1915 el nombre de reinado 洪宪 Hóngxiàn. El proyecto fracasó y 袁世凯 Yuán Shìkǎi murió en junio de 1916.

Para una generación de intelectuales, estos acontecimientos planteaban un problema más profundo. La revolución había derribado la monarquía, pero no había creado automáticamente una ciudadanía moderna; la república existía como forma constitucional, pero no necesariamente como cultura política; además, la modernización no había proporcionado a China la capacidad necesaria para defender plenamente su soberanía.

De allí surgió una nueva pregunta: ¿podía construirse una nueva China sin transformar previamente las formas de pensar, educar, escribir y relacionarse entre las personas? La respuesta de algunos intelectuales fue cada vez más radical.

El nacimiento de la Nueva Cultura

En septiembre de 1915, 陈独秀 Chén Dúxiù fundó en 上海 Shànghǎi la revista 青年杂志 Qīngnián Zázhì, Revista de la Juventud. Al año siguiente, la publicación pasó a llamarse 新青年 Xīn Qīngnián, Nueva Juventud. Su aparición suele considerarse uno de los puntos de partida del Movimiento de la Nueva Cultura, aunque este movimiento fue un proceso intelectual mucho más amplio y heterogéneo.

En el primer número, 陈独秀 Chén Dúxiù publicó 敬告青年 Jìnggào qīngnián, "Llamamiento a la juventud". Su programa exigía una nueva actitud intelectual: independencia frente a la servidumbre, progreso frente al conservadurismo, actividad frente a la pasividad, apertura internacional frente al aislamiento, atención a la realidad frente al formalismo y ciencia frente a la especulación.

No se trataba todavía de un programa político único. La Nueva Cultura reunió a liberales, radicales, reformistas y, posteriormente, intelectuales que adoptarían posiciones socialistas y comunistas. Lo que compartían era, sobre todo, la convicción de que la renovación de China exigía una transformación intelectual y cultural.

北京 Běijīng y la Universidad de la Nueva Cultura

En 1917, 蔡元培 Cài Yuánpéi asumió la dirección de la 北京大学 Běijīng Dàxué, Universidad de 北京 Běijīng. Su política universitaria favoreció la libertad intelectual y la coexistencia de corrientes diferentes. Su célebre principio de 思想自由,兼容并包 sīxiǎng zìyóu, jiānróng bìngbāo, "libertad de pensamiento y aceptación de diferentes ideas", convirtió a la universidad en uno de los principales centros de la renovación intelectual.

陈独秀 Chén Dúxiù fue nombrado decano de la Facultad de Letras y trasladó allí el centro de operaciones de Nueva Juventud. En torno a la universidad se reunieron figuras muy diferentes: 胡适 Hú Shì, 李大钊 Lǐ Dàzhāo, 周树人 Zhōu Shùrén, conocido por su seudónimo 鲁迅 Lǔ Xùn, y muchos otros.  La Universidad de 北京 Běijīng se convirtió así en un laboratorio intelectual. La cuestión ya no era solamente cómo reformar el Estado, sino qué clase de individuo, de sociedad y de cultura necesitaba una China moderna.

La revolución del lenguaje: 白话 báihuà frente a 文言 wényán

Uno de los campos fundamentales de esa transformación fue la literatura. En enero de 1917, 胡适 Hú Shì publicó en Nueva Juventud su 文学改良刍议 Wénxué gǎiliáng chúyì, "Propuesta preliminar para la reforma de la literatura" . El artículo proponía ocho principios de reforma: dar contenido al texto, evitar la imitación servil de los antiguos, prestar atención a la gramática, abandonar las fórmulas gastadas, reducir el uso de alusiones clásicas y no evitar el lenguaje coloquial.

La propuesta no consistía simplemente en declarar que el 文言 wényán, chino literario, era una lengua muerta. 胡适 Hú Shì pretendía transformar las prácticas literarias y favorecer una literatura capaz de expresar experiencias, ideas y emociones contemporáneas. La defensa del 白话 báihuà, lengua vernácula,  terminaría convirtiéndose en uno de los cambios culturales más duraderos asociados con la Nueva Cultura.

陈独秀 Chén Dúxiù llevó esta propuesta todavía más lejos al hablar de una 文学革命 wénxué gémìng, revolución literaria. La literatura dejaba de ser un ámbito reservado a la reproducción de los modelos clásicos y pasaba a convertirse en un instrumento de transformación social.

En 1918, 鲁迅 Lǔ Xùn publicó 狂人日记 Kuángrén rìjì, Diario de un loco. El relato utilizaba la imagen estremecedora del canibalismo para representar una sociedad en la que las normas tradicionales podían convertirse en mecanismos de opresión. La expresión 吃人 chīrén, "comer personas", no debe entenderse literalmente: es la metáfora central mediante la cual 鲁迅 Lǔ Xùn lleva hasta el extremo la crítica de la sociedad tradicional.

Señor democracia y Señor ciencia

Otro de los grandes ejes de la Nueva Cultura fue la reivindicación de la ciencia y la democracia.

En enero de 1919, en un artículo publicado con motivo del tercer aniversario de Nueva Juventud, 陈独秀 Chén Dúxiù presentó a la democracia y a la ciencia bajo dos nombres personificados: 德先生 Dé xiānsheng, "Señor Democracia" y 赛先生 Sài xiānsheng, "Señor Ciencia". Los dos nombres reproducían aproximadamente la pronunciación china de democracy y science.

Para 陈独秀 Chén Dúxiù, ambos principios constituían instrumentos de emancipación intelectual. La democracia cuestionaba las relaciones políticas autoritarias y defendía una participación más amplia de los individuos en la vida pública. La ciencia representaba una actitud crítica frente a la superstición, el dogmatismo y las explicaciones no sometidas a examen racional. Pero tampoco aquí existía una posición completamente uniforme. Los intelectuales de la Nueva Cultura discrepaban acerca de qué significaban exactamente "democracia", "ciencia", "tradición" o "modernidad". Algunos mantuvieron posiciones liberales; otros terminarían acercándose al socialismo y al marxismo.

La unidad del movimiento estaba más en la pregunta que en la respuesta: ¿cómo podía China convertirse en una sociedad moderna, soberana y capaz de transformar las condiciones de vida de sus habitantes?

La crítica del confucianismo

La crítica de la tradición confuciana fue probablemente el aspecto más polémico de la Nueva Cultura.

Muchos intelectuales identificaron determinadas formas del confucianismo tradicional con una sociedad jerárquica, patriarcal y basada en la obediencia. La crítica se dirigió especialmente contra la utilización de conceptos como 孝 xiào, piedad filial, para legitimar relaciones sociales rígidamente jerarquizadas.

Pero sería un error convertir esta crítica histórica en una afirmación de que el confucianismo, en sí mismo, era considerado por todos los intelectuales como la causa del atraso chino. La realidad fue mucho más compleja. Incluso dentro del ambiente de la Nueva Cultura hubo autores que defendieron distintas formas de recuperación de la tradición, y el debate sobre el significado de Confucio continuaría durante décadas.

Lo que estaba en juego era, más precisamente, si las categorías heredadas del orden imperial podían seguir proporcionando los principios normativos de una sociedad republicana.

De las Veintiuna reclamaciones al Cuatro de Mayo

Las Veintiuna reclamaciones y la Nueva Cultura pertenecen, por tanto, a una misma época de crisis, pero no deben confundirse como si una hubiera producido mecánicamente a la otra. Las primeras hicieron visible la vulnerabilidad internacional de la República y alimentaron el nacionalismo. La segunda había comenzado a cuestionar, desde antes de 1915, las formas tradicionales de autoridad, literatura y educación. Durante los años siguientes, ambas corrientes terminarían convergiendo.

El momento decisivo llegó en 1919.

Durante la Conferencia de Paz de París, la delegación china esperaba recuperar los antiguos derechos alemanes en 山东 Shāndōng. Sin embargo, las potencias vencedoras decidieron transferir esos derechos a Japón. La noticia llegó a 北京 Běijīng a comienzos de mayo y provocó una movilización estudiantil el 4 de mayo de 1919. Lo que comenzó como una protesta contra la decisión de París se convirtió rápidamente en un movimiento mucho más amplio. Estudiantes, comerciantes y trabajadores participaron en manifestaciones, huelgas y boicots. La protesta combinó nacionalismo, oposición al imperialismo y las nuevas ideas de democracia, ciencia y transformación cultural.

Así, el 五四运动 Wǔsì Yùndòng, Movimiento del Cuatro de Mayo,  no fue simplemente una continuación de la Nueva Cultura, pero tampoco puede comprenderse sin el ambiente intelectual que esta había contribuido a crear. Las universidades, las revistas y la literatura habían proporcionado un nuevo vocabulario para pensar la crisis nacional. La humillación internacional proporcionó el detonante político.

青岛 Qīngdǎo, Plaza en honor al Movimiento del Cuatro de Mayo. Fotografía de China desde el Sur, 2013


Una nueva pregunta para China

Entre 1915 y 1919 se produjo, por tanto, una transformación decisiva en la manera en que algunos intelectuales chinos concebían la crisis de su país. La cuestión ya no era solamente cómo construir un ejército moderno, redactar una constitución o establecer una república. Tampoco bastaba con sustituir una dinastía por un gobierno republicano.

La pregunta había penetrado más profundamente: ¿qué tipo de cultura necesita una sociedad para ser capaz de gobernarse a sí misma?

En ese desplazamiento reside buena parte de la importancia histórica de la Nueva Cultura. Sus protagonistas no compartieron una única ideología ni llegaron a las mismas conclusiones. Algunos defendieron el liberalismo; otros se acercaron al socialismo y al marxismo; otros intentaron reformular la tradición china en lugar de abandonarla. Pero todos participaron, en mayor o menor medida, de una ruptura con la confianza anterior en que la reforma institucional podía resolver por sí sola la crisis de China.

Las Veintiuna Reclamaciones de 1915 no fueron el origen único de esta transformación. Fueron, más bien, uno de los acontecimientos que hicieron imposible ignorar la magnitud de la crisis. Cuatro años después, cuando los estudiantes ocuparon las calles de 北京 Běijīng para protestar contra la decisión de París sobre 山东 Shāndōng, las ideas que habían circulado por las revistas y universidades encontraron por primera vez una movilización social de dimensiones nacionales. La crisis de la soberanía y la revolución de la cultura habían terminado encontrándose. Y de ese encuentro surgiría una de las grandes rupturas intelectuales de la China del siglo XX.



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Serie histórica 

La República frustrada y el ascenso de 袁世凯 Yuán Shìkǎi (1912–1916) 

Las veintiuna reclamaciones y el despertar de la Nueva Cultura (1915) (Lectura actual)

Díaz, M. E. y Torres, L. N. (2 de octubre de 2026). Las veintiuna reclamaciones y el despertar de la Nueva Cultura (1915). China desde el Sur. https://www.chinadesdeelsur.com/2026/10/las-veintiuna-reclamaciones-y-el.html

 
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