Perdido en China: cuarta etapa

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Habiendo atravesado ya la mitad de los continentes desde Buenos Aires, Argentina, pasando por Brasil, y sobrevolando África para llegar a Qatar, llegó el momento de realizar el último gran trayecto en avión hasta Corea. Si todo resultaba según lo planeado, en menos de 4 días podría estar en China, iniciando la cuarentena. Como siempre muestran las películas de 囧 Jiǒng, Perdidos en..., del director y actor chino 徐峥 Xú Zhēng, el viaje no siempre sale como lo planeado y, si uno se lo toma con cierto sentido del humor, puede tener alguna gran anécdota para contar.

Un viaje ordenado

Como ya contamos en el anterior capítulo, el Aeropuerto Internacional de Doha es un lugar muy grande y también muy ordenado. La zona de embarque se abre poco más de una hora antes del despegue y, tras controlar la documentación pertinente, en este caso la tarjeta de embarque, el pasaporte y el K-ETA (certificado coreano para transitar el país durante la pandemia), se puede pasar a una pequeña sala de espera, con asientos numerados según el sector del avión donde uno deberá sentarse. Mientras despedía a familiares y amigos y publicaba algunas fotos en las redes sociales de China desde el Sur, ya que no sabía cuántas horas pasarían hasta volver a tener conexión a internet, comenzaron a llamar sector por sector para el embarque. De forma muy cómoda y ordenada, fuimos subiendo a un avión gigante, que iba casi totalmente lleno. 

Esperando para abordar con un café Costa, una de las cafeterías más comunes en China.

En todo el viaje no elegimos asientos, porque al viajar solo y no tener ningún tipo de necesidad especial, la ubicación es poco relevante. Por fortuna, fui premiado con uno de los mejores asientos de todo el avión: el asiento del pasillo en una fila de tan solo 2 asientos, justo detrás de una fila de 3 asientos. Esto tiene muchísimas ventajas: el espacio para colocar la maleta justo encima del asiento es individual y bastante amplio, lo que dejó espacio no solo para colocar la valija, sino también mi voluminosa campera china adquirida hace alrededor de 10 años en la hermosa ciudad de 桂林 Guìlín, una gran compañera de viaje que protege del extremo invierno chino del Norte y Sur del país. Por otro lado, al tener dos asientos justo delante, hay espacio para estirar las piernas en diagonal para viajar mucho más cómodo, como ocupando el espacio de un asiento contiguo inexistente, y el bolso de mano puede colocarse en un área donde nunca esté en contacto con nuestros pies, dejando bastante libertad de movimiento. 

Un asiento espacioso, con el doble de espacio normal.

Como compañero de asiento esta vez me acompañó un francés dormilón. Ni bien encontró su asiento y se tapó con la frazada ofrecida por la compañía, durmió prácticamente todo el viaje, sin levantarse para ir al baño y rechazando varias comidas para continuar durmiendo. Aunque para algunos viajeros un compañero tan silencioso puede resultar triste, porque se pierde la posibilidad de conocer a alguien diferente, en este viaje lo agradecí, ya que el cansancio comenzaba a notarse y tan solo deseaba mirar películas y dormir tranquilamente. Fuimos compañeros de viaje ideales en esta travesía.

Cine como en China

Como ya conté en un episodio anterior, esta fue una excelente oportunidad para mirar algunas películas chinas nuevas, las tres películas elegidas completamente al azar tan solo mirando el afiche promocional y la breve descripción resultaron ser películas muy originales y recomendables. Nunca nos cansaremos de decir que el cine chino, además de resultarnos exótico y llamativo, tiene un gran nivel de producción con historias muy originales, actores muy buenos y directores que saben como sacarle el máximo partido a su equipo creativo. Las reseñas de 了不起的老爸 Liǎo bù qǐ de lǎo bà, Un padre increíble (2021), 这个杀手不太冷静 Zhè ge shā shǒu bù tài lěng jìng, Este sicario no es muy tranquilo (2022) y 穿过寒冬拥抱你 Chuān guò hán dōng yǒng bào nǐ, Pasar el invierno para abrazarte (2021) pronto estarán disponibles en la sección de Cine de China desde el Sur. Hasta entonces, les rogamos que confíen en nosotros y, si viajan y ven estas películas disponibles, les den una oportunidad. Pueden leer la breve reseña que realizamos en el artículo de la segunda etapa del viaje. 

Listado de algunas películas chinas disponibles según la web de Qatar Airways.

Comida étnica

Es sorprendente cómo la comida de una misma empresa cambia levemente de forma deliberada dependiendo del trayecto. En el viaje Brasil – Qatar, la comida estaba claramente inspirada en la comida árabe, pero con toques muy latinoamericanos. Aunque nadie dudaría de la autenticidad de los platos árabes, los sabores eran tenues y dulzones, sin grandes cantidades de condimentos, perfectas adaptaciones al paladar latinoamericano, similares a las tiendas de comida árabe que pueden encontrarse en cada país del continente. El trayecto Qatar – Brasil, volvió a repetir la inspiración árabe, con algunos deliciosos platos con humus y falafel, pero esta vez mucho más condimentados, más parecidos a los platos que podrían comerse en el propio aeropuerto de Doha. Sin embargo, también se notaba inspiración en platos asiáticos, específicamente de la región costera Norte de China, Corea y Japón, lo que nos llevó a disfrutar también de un delicioso plato de fideos con vegetales. Los platos que ordenamos eran vegetarianos y desde antes del despegue el personal de abordo me preguntó si era correcta la información de que había pedido comida vegana y me comentaron un poco lo que comeríamos en el vuelo. Siempre se agradece esta amabilidad, especialmente cuando uno pide algún plato especial, ya que de cometerse un error el viaje podría ser bastante miserable. De todas formas, cargaba con algunos de los snacks comprados en Brasil que, aunque no son alimentos balanceados, son suficientes para incorporar algunas calorías y evitar dolores de cabeza y cansancio excesivo.

En suelo coreano

Tras el largo viaje en avión, pudiendo dormir cómodamente y habiendo disfrutado del cine chino, por fin llegamos a Corea, sin mayores inconvenientes. La zona de arribos es realmente grande y, aunque está bien señalizada, con cartelería bilingüe coreano – inglés, hay que estar atento para no perderse. Tras 55 horas de viaje, fue una gran alegría volver a ver la gran valija de 23 kilos que había sido despachada en Buenos Aires. Aunque estaba algo más sucia que la última vez que nos vimos, estaba entera y, como comprobé horas más tarde, no le faltaba absolutamente nada en su interior. 

Feliz de que las valijas llegaran al hotel en Corea con todo entero en su interior.

El proceso de migraciones es muy tranquilo en Corea, aunque hay que tomárselo con seriedad y responsabilidad para evitar demoras, fue un proceso sencillo. Al momento de tomar las huellas digitales, la computadora me dio las instrucciones en perfecto español, un gesto muy amable. El único momento en que tuve algunas dificultades fue cuando me preguntaron el motivo del viaje. Al rellenar la tarjeta de inmigraciones ya había tenido esa duda, ya que en este viaje Corea funciona como un “lugar de tránsito”, tan solo para hacer algunos test PCR y cambiar de avión. Sin embargo, como entraba al país la opción de “pasajero en tránsito” no estaba disponible, así que argumenté “turismo". Al ver que solo me quedaba 4 días, el oficial de inmigraciones me preguntó cuál sería mi destino final y la razón del viaje, y ahí puede explicarle que viajo como estudiante de posgrado en ciencias becado en China. Tras la explicación y ofrecerle ver mi documentación china, el oficial selló mi pasaporte y me dio amablemente la bienvenida a Corea.

Una vez fuera de la zona de arribos, la misión era clara: buscar los dos famosos centros de estudios PCR del aeropuerto para consultarles sobre los horarios y requerimientos tanto de Corea como de China. Aunque los test pueden ser realizados en cualquier centro médico aprobado en el país, los dos centros del aeropuerto son muy cómodos, están preparados para este tipo de viajes y tienen un personal muy cordial que habla un fluido inglés y chino.

Las famosas PCRs

En septiembre de 2022, para entrar a Corea, se requiere de un estudio PCR realizado dentro de las 24 horas desde la entrada al país. Este estudio, por el módico precio de 80 mil wones se puede realizar en el aeropuerto. En la entrada del aeropuerto hay dos centros, uno al lado del otro y ambos ofrecen, por el mismo precio, realizar este estudio PCR de ingreso. Tras llenar un formulario online, gracias a que hay disponible Wi-fi gratis en el aeropuerto, y cotejar los datos con el personal de salud, se abona y realiza la PCR en una fosa nasal. 

Varios pasajeros esperando para realizarse el test PCR de entrada a Corea.

El personal me explicó que como era día 17 de septiembre y tenía pasaje para el 21, podía realizarme la PCR al día siguiente, en la mañana y que ese estudio contara como la PCR de entrada a Corea y la PCR de las 48 horas antes del viaje a China. Luego, dos días más tarde, me podría realizar la otra PCR de 24 horas antes del vuelo a China. Al estar acostumbrados a los viajeros en ruta a China me dieron la información muy bien explicada y cotejaron mis pasajes al aconsejarme. Así que volví al día siguiente para realizarme el primer estudio.

Por la experiencia de otros viajeros, sabía que las PCRs de Corea tienen bastante mala fama, ya que se dice que son mucho más profundas y llegan incluso a ser dolorosas y que pueden causar irritación dentro de la nariz. Frente a mi había unos cuantos coreanos y chinos que se realizaron la PCR sin mayores problemas, lo que me dejó tranquilo, aunque todavía me preguntaba si no estaban acostumbrados ya a estos estudios “en profundidad”. En Buenos Aires me había realizado ya 3 estudios PCR, uno para la universidad cuando inicié los trámites y otros 2 para el primer vuelo con rumbo a China. En todas las ocasiones, aunque los bastoncillos no iban muy profundo, me causaban tos, estornudos y una sensación desagradable, aunque perfectamente asumible con tal de poder volver a China. 

Haciendo la fila para realizar el test.

Justo delante de mi había un gran ruso, de rasgos entre túrquicos y mongoles, que vestía una ajustada camiseta que resaltaba los anchos músculos de su torso. Hablaba solo ruso y tan solo sabía decir unas pocas cosas en inglés, lo que le dificultaba un poco la comunicación, pero gracias a que el personal era muy paciente, lo habían conseguido guiar hasta la fila de la PCR. Cuando llegó su turno, la enfermera intentó realizar la PCR y el ruso pegó un gran salto hacia atrás, tomándose la nariz con ambas manos y gritando en ruso. Yo asumí que debía ser una persona especialmente sensible y no lo juzgué, porque todavía creía que yo sería el siguiente en pasar vergüenza. En el segundo intento, volvió a resistirse. La enfermera le indicó que se apoyara contra la pequeña mesilla metálica donde estaban todas las muestras. Al intentar por tercera vez, el ruso pegó otro salto y casi tira al piso todas las muestras de los viajeros anteriores, alrededor de 30. Al final, perdí la cuenta de la cantidad de veces que intentó realizar la PCR y el pobre hombre saltó y profirió gritos en ruso. En algún momento, tras un rápido e inesperado movimiento, la enfermera consiguió su objetivo y lo dejó ir.

A pesar del gran barbijo N95 que portaba, probablemente mi nerviosismo era visible. Nunca sabré si la enfermera se sentía culpable por la situación que se había generado con el viajero anterior, si las PCRs en Corea son más suaves que en Argentina o si comencé a acostumbrarme a ellas, pero la verdad es que casi no sentí ninguna molestia. El personal claramente pasa muchas horas al día y sabe como hacer el estudio de forma efectiva y poco molesta, aunque si uno es un poco sensible, lamentablemente está a las claras que pasará igualmente un mal momento. Por fortuna todo es por el bienestar de la salud de la población, no es un estudio muy invasivo y como estudiante que se ha autorrealizado más de una PCR en sus años de estudiantes de Paleontología, como parte de mi formación en biología para comprender el funcionamiento de un ser vivo, doy fe de que es importante que la muestra se tome bien para estar completamente seguros del resultado.

Los resultados de las PCRs son enviados dentro de las 3 o 4 horas siguientes a la casilla de correo electrónico que uno haya indicado. Si uno quiere una copia impresa, puede volver a pasar por el centro y sin ningún tipo de costo adicional le entregan una copia impresa, tan solo es necesario llevar el pasaporte.

Uno de los centros que ofrecía test PCR en el aeropuerto.

Perdido en Corea

Tras averiguar que podría realizarme el estudio al día siguiente, me dispuse a buscar el famoso Airport Railway Express, apodado cariñosamente AREX, una especie de metro que conecta el aeropuerto con la ciudad y su sistema principal de metro. Al bajar por unas escaleras vi las máquinas expendedoras automáticas de boletos, así que fui hacia mi mano derecha y compré un pasaje. Me sorprendió un poco que no pudiera comprar un pasaje hasta la estación de metro en la que planificaba salir, que está a 2 cuadras del hotel que había reservado. Cuando miré el pasaje, descubrí que era un pasaje especial, que me permitía subir a un tren rápido que viajaba desde el aeropuerto hasta la terminal más lejana del AREX. Allí no podía hacer la combinación de metro que había pensado, así que me dirigí a ventanilla y le expliqué en inglés a una empleada lo que había ocurrido. Sin problemas me devolvió el dinero y me indicó que las máquinas de la izquierda eran para el AREX lento.

En la segunda máquina compre un pasaje, me sorprendió nuevamente que no pudiera seleccionar la estación de metro que sería mi destino final y un cartel en pantalla me advirtió que si quería combinar en el metro debería comprar otro pasaje. Tranquilo, me dirigí hacia el andén, no sin antes pararme a tomar una foto a las mascotas del AREX. 

Las mascotas del AREX en la entrada del andén.

El AREX es muy cómodo, informa de cada parada por parlantes y pantallas en coreano, chino, japonés e inglés, y cada parada está acompañada de una pegadiza melodía con instrumentos tradicionales coreanos. Mi viaje era casi hasta el final del recorrido, lo que son entre 45 y 50 minutos de viaje cómodamente sentado y con aire acondicionado. En gran parte del viaje se puede disfrutar de las hermosas vistas de la península de Corea y en una pequeña pantalla se narran algunos episodios históricos relevantes, como la defensa coreana de una isla cercana al aeropuerto durante la Invasión Japonesa o la promoción de algunos puntos turísticos de la ciudad. 

En el asiento designado para embarazadas en el AREX, un curioso peluche de la mascota esperaba a ser abrazado.

Al llegar a la parada de combinación del metro no encontré nuevas máquinas expendedoras. Me pregunté si podría seguir utilizando el pasaje del AREX, a lo que el molinete respondió con una negativa roja. Justo al lado del molinete había una máquina para “recargar crédito en el pasaje”, allí pude seleccionar el destino final y añadiendo algo de dinero pude finalmente pasar el molinete y tomar el metro. 

Al salir del metro en mi destino, me sorprendió que la tarjeta plástica de un solo viaje no pudiera ser ingresada en el molinete de salida. Ya era muy tarde y supuse que en otro momento podría averiguar que hacer con ella, para poder devolverla y no tirarla a la basura. Dos días después descubrí unas máquinas en donde al colocar la tarjeta, te devolvían 500 wones. Sabía exactamente cuál de las 12 salidas de la estación tomar y hacia donde caminar para encontrar el hotel. El único material de apoyo que tenía era unas capturas del mapa de la ciudad que tenía en mi teléfono, ya que no tenía internet disponible. Pude salir bien sin problemas y orientarme en dirección Sur. Según lo que veía en el mapa, tras cruzar 2 calles, en la tercera tendría que poder ver el hotel desde la esquina.

Tras cruzar la primera calle ya descubrí el gran error que había cometido. Mi mapa era muy grande y solo permitía ver las calles principales, pero en medio de estas había a veces pequeñas calles adoquinadas correspondiente a “cortadas” (calles pequeñas) o a barrios privados. Tras cruzar 4 calles ya no sabía si había cruzado las calles que esperaba cruzar o tan solo estas pequeñas calles. En mi mapa no se veían los nombres de las calles, así que no podía orientarme con la cartelería. Tras caminar otras 2 calles más, decidí adentrarme en la avenida. Lo primero que vi fue un restaurante de comida china. Caminé media cuadra y volví sobre mis pasos. Confuso, con el mapa en la mano, tuve la idea más loca del viaje: entrar al restaurante y preguntar en chino.

Dejé las valijas en la vereda y me asomé, dentro unas 6 u 8 personas disfrutaban de platos de fideos con aspecto picante. Me alegré de ver que un hombre solitario comía fideos mirando hacia la puerta, y lo más importante, tenía rasgos chinos. Me acerqué y le pregunté en chino si conocía el hotel que estaba buscando. Se quedó con la boca abierta y me contestó en coreano. Ahí recordé que lo más probable es que todos en el interior fueran coreanos. Me di vuelta y vi que todos me miraban con desconcierto, probablemente sabían que eso era chino y se preguntaban por qué alguien que no parece chino entra en Corea a un restaurante hablando en chino. Un mozo que estaba apoyado en la barra entró rápidamente en la cocina sin decir nada y de pronto salió un hombre en sus 50, con un delantal blanco de cocinero. Me miró de abajo a arriba y me preguntó en chino si necesitaba ayuda. Claramente la necesitaba. Le mostré el mapa en mi teléfono y le expliqué que viajaba a China para estudiar y que no encontraba mi hotel en Corea. Sin inmutarse por la historia miró el teléfono y me dijo que saliera a la esquina y mirara 2 cuadras hacia el Norte, que arriba en lo alto de un edificio vería el logo del hotel. Tras agradecerle varias veces entró nuevamente en la cocina. 

El restaurante chino que me salvó la vida.

Siguiendo las indicaciones del cocinero chino descubrí, con alegría y vergüenza, que en efecto, un gran rascacielos portaba un inmenso logo con el nombre del hotel que estaba buscando. Volví sobre mis pasos y pude llegar al hotel. Sobre el hotel no diré gran cosa, era muy cómodo, muy limpio y muy moderno, con personal que hablaba perfecto inglés. Prácticamente no interactué con el personal del hotel y volví a la habitación tan solo para dormir y bañarme.

Comida coreana: el juego del calamar

Salí pocos minutos después, con ropa más fresca, ya que portaba un pesado pantalón de campo argentino y el poncho sobre mis hombros, una ropa que no era nada adecuada para el húmedo calor que hacía en la ciudad. Mi objetivo era conseguir comida, preferentemente comida coreana. Tras andar algunas calles a la redonda, encontré varios restaurantes de comida coreana, pero en ninguno encontré un plato vegetariano, o al menos ninguno que fuera muy completo o que me constara que era 100% vegetal. Volví a ir al restaurante chino con idea de comer unos fideos picantes, pero ya eran pasadas las 10 de la noche y el restaurante estaba cerrado.

Mi tercera opción, tras haberme fallado la comida coreana y la comida china, era ir a un 7 Eleven que estaba a pocos metros del hotel. Allí esperaba poder comprar unos fideos instantáneos, alguna galletita, frutos secos y alguna bebida complementaria como café o yogurt. Ese 7 Eleven era pequeño no, lo siguiente, a penas tenía productos y había que hacer complicados movimientos de Tétris para dejar pasar a las personas y poder uno mismo pasar por los pasillos. En la heladera encontré fideos instantáneos, lo cual era bastante extraño, ya que los que yo conozco son fideos secos y no necesitan refrigeración. Tras leer las instrucciones descubrí que eran fideos frescos, pero que necesitaban de un microondas para poder ser preparados, por lo que la comida de allí quedó completamente descartada.

Justo en la calle donde está el hotel hay una peatonal nocturna, donde hay gran cantidad de puestos de comida callejera. Con mi experiencia en la comida callejera china, que guarda algunos de los mejores platos que pueden degustarse en el país, empecé a explorar los productos que ofrecían. Había una gran variedad de comidas, pero los calamares, preparados de diferentes formas dominaban gran parte de la calle. También había los famosos dulces de la serie El juego del calamar (2021), que aunque podían ser una buena comida para un video o una foto, no deja de ser simplemente azúcar fundida, lo que no es una buena comida cuando uno necesita comer realmente bien tras horas de no haber ingerido calorías. En China desde el Sur tenemos muy presente esta serie, que comenzamos a ver tras notar un gran pico en el número de lecturas del poema 春夜喜雨 Chūn yè xǐ yǔ, Disfrutando la lluvia en una noche de primavera del gran autor chino 杜甫 Dù Fǔ (712-770), y que se debía a que en la serie coreana habían citado uno de sus famosos versos. 

Expresión de mi rosto al ver que lo primero vegetariano que encontraba era dalgona, famoso dulce coreano por esta escena de El Juego del Calamar (2021).

Entre platos y platos de calamar encontré algunas cosas interesantes. Un puesto callejero se especializaba en baritas de queso, las ofrecía con o sin salchicha en el interior y por un precio más que razonable fritaba una barita de queso rebosada que entregaba pinchada en un palillo. Mientras disfrutaba del queso seguí recorriendo la zona comercial. Un gran descubrimiento fue que había mazorcas de maíz al vapor. Este es un producto también muy común en los mercados callejeros chinos y es una excelente forma de comer algo sano, alimenticio y delicioso. Con mi choclo en mano decidí volver a la habitación del hotel, para comerlo tranquilamente, no sin antes parar a comprar también una papa y un café frío. Tal vez no fuera el mejor alimento para un día de tanta actividad física y déficit calórico, pero era lo mejor que pude encontrar a esas horas de la noche.

El único plato coreano vegetariano

A lo largo de los 4 días, intenté infructuosamente conseguir un plato tradicional de Seúl que fuera vegetariano. Probablemente nuestros lectores más conocedores de la cultura coreana podrán recomendar más de un plato, pero siendo esta mi primera vez en el país no me resultó nada fácil. Recuerdo en mi primer viaje a China, como la comida china vegetariana se me resistía y nos costaba encontrarla. Hoy en día, tras tantos viajes y tiempo en el país, pueden soltarnos en cualquier ciudad china que, en poco tiempo, estaremos disfrutando de los deliciosos manjares vegetarianos que ofrece cada tradición culinaria china, normalmente muy sanos y equilibrados.

Como pasaba mucho tiempo en el aeropuerto realizando PCRs, tuve oportunidad de recorrer todos y cada uno de los restaurantes y hasta hablar con algunos mozos para consultarles por platos vegetarianos. Tan solo en uno conseguí un plato tradicional coreano en versión vegetariana y que fuera una comida, porque en algunos lados me ofrecían algunos snacks sueltos que no conforman una verdadera comida balanceada. El bibimbap vegetariano de uno de los restaurantes del aeropuerto se transformó en mi almuerzo diario. El plato consiste en una suerte de ensalada variada, con algas, rábanos, brotes de soja y zanahoria entre otras verduras, que viene acompañado de un cuenco de arroz. La idea es mezclar el arroz dentro de la ensalada y agregarle una salsa, en este caso Gochujang, una pasta de porotos de soja fermentados, arroz glutinoso y ajíes picantes, que tiene un gusto dulce y picante. El plato era coronado con un huevo a la plancha y cada día era acompañado por diferentes snacks que fueron desde fideos de tofu o maníes tostados hasta pickles vegetales y porotos. Por 8.500 wones el plato es muy completo y rico. 

Bibimbap vegetariano del aeropuerto, el cuenco metálico de la parte inferior izquierda contiene el arroz.

En la página de la multinacional Burger King descubrimos que había una hamburguesa vegetariana. Empero, al menos en la sucursal del aeropuerto, el plato no se ofrecía. 

El vuelo perdido

El día 20 de septiembre, me presenté bien temprano en el aeropuerto con el objetivo de viajar a 苏州 Sūzhōu, hermosa ciudad por la que ingresaría a China y donde planeaba realizar 10 días de cuarentena. Además del proceso tradicional de check-in, había una gran cantidad de empleados cotejando la documentación y que en coreano, chino o inglés ayudaban a completar los formularios requeridos para viajar. Me llegué a reír a carcajadas al ver que los chinos que estaban justo detrás de mí en la fila viajaban con su propia arrocera, tal cual la madre del personaje principal en el filme 囧妈 Jiǒng Mā, Perdidos en Rusia (2020). Al final, estas películas tienen más realidad que ficción. 

Una pareja de chinos de aproximadamente la misma edad que el personaje de la madre en 囧妈 Jiǒng Mā, Perdidos en Rusia (2020) se preparan para abordar el avión con una arrocera.

Tras completar un formulario digital en el teléfono y rellenar una serie de documentaciones, mientras hacía la fila para despachar la valija, llegué a la zona de control de los test PCRs. Hasta allí todo había ido bien, incluso me habían tomado la temperatura en dos ocasiones, y todo estaba en regla. Tras revisar un buen rato mis tests, la persona encargada llamó a otra y discutieron un poco. Luego me dijeron que mi test de 48 horas estaba vencido y que debía realizarme otro. Le expliqué cual era cual y tras volver a mirarlos detenidamente, me informaron que me faltaba el test de 24 horas y que no podía abordar el avión. Incluso un delegado de la Embajada China en Corea, que estaba realizando otras tareas, fue llamado para que me explicaran el problema.

El test de 48 horas debía ser realizado dentro de las 48 horas antes de las 00:00 del día del vuelo. El test de las 24 horas, debía ser realizado dentro de las 24 horas antes del horario de partida del vuelo. Yo había entendido que era también de las 00:00 del día de salida y mi test de 24 horas no era válido por 2 horas. Allí recordé que en el test de 48 horas habían cotejado mi pasaje antes de realizarme el test y en el de 24 no habían escrito bien mi horario de partida y no habían mirado mi pasaje. En definitiva, por el cansancio de tantos días de viaje y no prestar más atención a las instrucciones, tenía la documentación mal y no podía abordar. El delegado de la embajada me dijo que si me apuraba había tiempo para que me realizara otro test y abordara.

Como alma que la lleva el diablo salí corriendo al centro de testeos. Llevando las valijas y la documentación en la mano no me di cuenta de que mi pasaporte cayó al piso saltando algún obstáculo. Así que cuando llegué al centro estaba muerto de calor, agitado y sin pasaporte. Justo cuando me daba cuenta de que mi pasaporte no estaba con la documentación, una coreana se me acercaba corriendo y me lo devolvía, diciéndome que vio que caía, pero que me había ido muy rápido. En el centro me dijeron que los horarios no alcanzaban y que no podían darme un resultado en menos de 3 horas, por lo que el vuelo estaba perdido.

Tras una rápida llamada a Buenos Aires, China desde el Sur montó un comité de emergencia y en pocos minutos conseguimos cancelar el vuelo a 杭州 Hángzhōu, consiguiendo recuperar una parte del dinero, y pagar un nuevo vuelo. Por unos momentos pareció que debería quedarme en Corea más de una semana para conseguir un vuelo, pero tras buscar encontramos un vuelo a 广州 Guǎngzhōu para la mañana siguiente. Ahora sí, más calmado, me realicé una PCR más, no sin algo de dolor en los bolsillos porque las PCRs para salir del país cuestan 150 mil wones y fui a comer el famoso bibimbap vegetariano.

Otro plan fallido

Una de las cosas que había lamentado en la estadía en Corea era haberme hospedado tan lejos del aeropuerto, ya que requería más de 2 horas de viaje diarias. El primer día había visto una propaganda de un hotel cápsula y me había parecido una buena idea. Me dispuse a probar el famoso hotel cápsula, de hecho, mi idea era reservar la habitación y dejar las cosas allí para irme a recorrer el aeropuerto sin mucho peso encima. Para mi sorpresa, el hotel cápsula ni era hotel cápsula ni se podía hacer lo que yo quería. Normalmente asociamos los hoteles cápsula a pequeños recintos que son apenas más que una cama, con luego espacios comunes para realizar otras actividades como por ejemplo los baños. El hotel cápsula del aeropuerto era una pequeña habitación sin baño (aunque las había con baño también), que ciertamente era una habitación pequeña, pero no mucho más que algunos hoteles, incluso la Universidad de 吉林 Jílín tiene habitaciones apenas más grandes que estas. Por otro lado, las reservas durante el día eran de 8 horas y a la noche, a partir de las 8 de la noche, eran de 12 horas hasta las 8 de la mañana. Sin ganas de continuar gastando dinero me dirigí a la otra terminal, ya que allí también hay una sucursal del mismo hotel. 

Al llegar a la terminal descubrí que el hotel cápsula estaba cerrado y abría a las 8 de la noche para ofrecer solo las reservas nocturnas. Tras un café se hicieron las 8 de la noche y me apersoné en el hotel, que tenía algo de fila. Al llegar al mostrador me indicaron que no tenían más habitaciones disponibles para los siguientes 3 días. En la página del aeropuerto busqué otro hotel, y lo encontré, pero tras dar muchas vueltas completamente perdido en la nueva terminal, descubrí, junto a una pareja de chinos que se encontraban en la misma situación que yo, que ese hotel se encontraba en la zona de embarques y por lo tanto no podía hospedarme allí. Ya sin ganas de continuar dando vueltas, busqué un rincón del aeropuerto, colocando la cabeza bajo un banco de madera, utilizando la campera china como almohada y el poncho como manta, me eché a dormir, rodeado de un pequeño muro de valijas y con los auriculares con sonido de lluvia.

Ya nada puede salir mal… ¿verdad?

Por fortuna la juventud todavía me acompaña y me gusta dormir en camas especialmente duras, así que a pesar de que el piso era bastante frío, el poncho cumplió su función y quedé profundamente dormido. A la mañana siguiente, tras comprobar que el vuelo seguía en orden, me presenté a despachar la valija nuevamente. Tras volver a pasar por todos los formularios y revisiones, comprobaron que estaba todo en orden, despacharon mi valija y me permitieron pasar migraciones para salir de Corea.

Pasé migraciones y seguridad rápidamente, sin mayores problemas. Mi idea era intentar entrar a la zona de embarque lo más rápido posible para visitar las tiendas. Quería comprar algo de comida para llevarme conmigo a la cuarentena, ya que no sabía si podrían ofrecerme comida vegetariana desde el primer día. Además, quería comprar algunos dulces como para acompañar un café, un desayuno o una merienda-cena, para alegrar un poco la cuarentena. 

Admirando la arquitectura en la zona de embarque, notar que el fiel poncho en mi hombro continua acompañándome.

He estado ya en unos cuantos aeropuertos internacionales, y aunque mi experiencia no es de las más destacables, hay patrones comunes que siempre he encontrado. Estas zonas internacionales son muy buenas para comprar comida, ya que hay bastante variedad, a veces de cosas más exóticas o menos comunes. Sin ir más lejos en Brasil había podido comprar unos chocolates canadienses rellenos de manteca de maní y frutas bañadas en chocolate. En el aeropuerto de Seúl ninguno de estos patrones comunes está presente. Hay muy pocas tiendas a pesar del gran tamaño de la zona y muchas son de productos de moda o de recuerdos de Corea. Hay algunas tiendas de café y comida para comer en el propio aeropuerto y no mucho más. En lugar de haber un área “Duty free” había una tienda que se repetía cada 50 metros que vendía exclusivamente cigarrillos (de todos los colores, marcas, sabores y formas), licores y perfumes. Eventualmente en un costado de estas tiendas se ofrecían algunos dulces coreanos, pero se trataba de productos pensados como un regalo, en envoltorios grandes y que no parecían de especial buena calidad. Alguna tienda tenía dulces y snacks que se venden en los pequeños supermercados coreanos, y aunque unas papas fritas de pepino pueden resultar curiosas no eran una buena opción para llevar a la cuarentena en China, ya que ni es un alimento saludable, ni llenan si uno tiene hambre y encima ocupan mucho espacio y tienden a romperse fácilmente. Decepcionado completamente compré un café y me senté a esperar el vuelo. Tras recorrer la zona de embarque de punta a punta había completado mi objetivo de 10 mil pasos diarios, un objetivo que, dicho sea de paso, había completado con una media de 18 mil cada día desde la salida en Buenos Aires. 

Zona de embarque, a la derecha puede verse una de las famosas tiendas de "tabaco y cosmética" que dominaban el aeropuerto.

Perdido en China al fin

Tras el pequeño gran percance, por fin llegó el momento de abordar el avión con destino a China y, por fortuna, esta vez los parlantes no me buscaron como en etapas anteriores del viaje. Aún había muchas cosas que podían salir mal, un test positivo, un documento con un error o un problema en migraciones o en el propio vuelo podrían haber acabado con el viaje. No obstante, el vuelo a China y el primer paso en el país del Río Amarillo corresponde a la siguiente etapa del viaje. Seguiremos rumbo a la hermosa ciudad de 长春 Chángchūn en el próximo artículo.  

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