Cuando apareció en el mural, los estudiantes comenzaron a reunirse alrededor de aquellas páginas, algunos visiblemente emocionados. El texto pasó de mano en mano por la universidad y terminó llegando a la redacción del diario shanghainés《文汇报》Wénhuìbào. El 11 de agosto de 1978, el periódico publicó la historia. La reacción fue extraordinaria: durante los meses siguientes, 卢新华 Lú Xīnhuá recibió cerca de tres mil cartas de lectores de todo el país, trabajadores, campesinos, estudiantes y soldados que reconocían en la historia de sus personajes algo de su propia experiencia.
La protagonista de La cicatriz es 王晓华 Wáng Xiǎohuá, una muchacha que durante la Revolución Cultural acepta como verdadera la acusación de que su madre es una traidora y decide romper con ella:
妈妈被打成了“叛徒”,我当时真像跌进了万丈深渊。我怎么也想不到,一向受我尊敬、爱戴的妈妈,竟会是一个“阶级敌人”!
Māmā bèi dǎchéng le “pàntú”, wǒ dāngshí zhēn xiàng diējìn le wànzhàng shēnyuān. Wǒ zěnme yě xiǎngbudào, yīxiàng shòu wǒ zūnjìng, àidài de māmā, jìng huì shì yī gè “jiējí dírén”!
Mi madre fue tildada de "traidora"; en aquel instante sentí como si cayera a un abismo insondable. ¡Jamás habría podido imaginar que mi madre, a quien siempre había respetado y amado con devoción, resultara ser una "enemiga de clase"!
在当时那种狂热的气氛下,我也顾不得去仔细想一想这究竟是怎么回事,我只知道自己是共青团员,应当听党的话,站稳阶级立场。
Zài dāngshí nà zhǒng kuángrè de qìfēn xià, wǒ yě gùbude qù zǐxì xiǎng yī xiǎng zhè jiūjìng shì zěnme huí shì, wǒ zhǐ zhīdào zìjǐ shì gòngqīngtuányuán, yīngdāng tīng dǎng de huà, zhànwěn jiējí lìchǎng.
Bajo aquella atmósfera de fanatismo de entonces, ni siquiera me detuve a reflexionar con detenimiento sobre qué estaba ocurriendo en realidad; solo sabía que era miembro de la Liga de la Juventud Comunista, que debía obedecer la palabra del Partido y mantenerme firme en mi postura de clase.
我流着泪,咬着牙,写了和她断绝母女关系的声明。
Wǒ liúzhe lèi, yǎozhe yá, xiě le hé tā duànjué mǔ-nǚ guānxì de shēngmíng.
Llorando, y apretando los dientes, redacté la declaración formal rompiendo todo lazo filial con ella.
Luego de redactar la declaración, la joven se marcha al campo y pasa nueve años separada de su familia. Cuando finalmente se demuestra que la acusación era falsa y regresa a buscar a su madre, descubre que esta acaba de morir. Durante nueve años, 王晓华 Wáng Xiǎohuá vivió convencida de que la lealtad política exigía sacrificar el vínculo familiar. Ahora descubre demasiado tarde que aquello que había considerado una obligación moral era también la causa de su pérdida irreparable. La cicatriz no pertenece únicamente a la madre perseguida: pertenece a la relación entre ambas, destruida por una lógica política que convirtió incluso los vínculos más íntimos en objetos de clasificación ideológica.
La publicación de《伤痕》Shānghén, La cicatriz, dio nombre a un fenómeno literario que ya tenía antecedentes, entre ellos《班主任》Bānzhǔrèn de 刘心武 Liú Xīnwǔ, publicada en 1977. Pero la historia de 卢新华 Lú Xīnhuá se convirtió en su emblema porque consiguió transformar una experiencia individual en una experiencia reconocible para millones de lectores. La 伤痕文学 shānghén wénxué, literatura de cicatrices, había encontrado una imagen para nombrar las heridas de una sociedad entera.
La herida innombrable
Para comprender el impacto de La cicatriz hay que recordar qué clase de literatura había predominado durante la Revolución Cultural. Desde las《在延安文艺座谈会上的讲话》Zài Yán'ān wényì zuòtán huì shàng de jiǎnghuà, "Charlas en el Foro de Yan'an sobre literatura y arte" de 毛泽东 Máo Zédōng, pronunciadas en 1942, la literatura y el arte habían sido concebidos fundamentalmente en función de la política revolucionaria. Durante la Revolución Cultural, esta concepción alcanzó una de sus formas más rígidas.
Las llamadas 三突出 sān tūchū, tres prominencias, exigían destacar a los personajes positivos, después a los héroes entre ellos y finalmente al héroe principal. El canon de las obras modelo privilegiaba así una subjetividad revolucionaria sin fisuras. El conflicto fundamental debía ser político y de clase; los personajes debían ser juzgados según su posición dentro de la lucha revolucionaria.
Esto no significa que durante la Revolución Cultural no existieran sufrimientos, sentimientos o relaciones familiares. Significa algo más preciso: determinadas formas de sufrimiento carecían de legitimidad estética y política para convertirse en el centro de una obra pública.
El problema de La cicatriz consiste precisamente en colocar allí donde debía estar el héroe revolucionario a una muchacha que llora a su madre. La diferencia es enorme. El sufrimiento de 王晓华 Wáng Xiǎohuá no produce entusiasmo revolucionario. No conduce a una victoria. No culmina en una imagen de sacrificio glorioso. La protagonista descubre que ha obedecido una lógica política y que esa obediencia le ha costado algo que ya no puede recuperar.
Por eso la novela introduce una pregunta que la literatura oficial de la Revolución Cultural había tendido a excluir: ¿qué sucede cuando una categoría política entra en conflicto con un vínculo humano elemental? La respuesta de La cicatriz es brutalmente sencilla: puede destruirlo.
Del dolor privado al problema político
Después de 1976, la nueva dirigencia necesitaba revisar buena parte del legado de la Revolución Cultural. La disputa no fue únicamente literaria. En 1977-1978 se enfrentaron distintas concepciones acerca de cómo debía interpretarse el pasado y, sobre todo, de qué manera debía determinarse la validez de una política.
El 11 de mayo de 1978, 光明日报 Guāngmíng Rìbào publicó《实践是检验真理的唯一标准》Shíjiàn shì jiǎnyàn zhēnlǐ de wéiyī biāozhǔn, "La práctica es el único criterio para juzgar la verdad", un texto de 胡福明 Hú Fúmíng posteriormente revisado por otros participantes. La publicación desencadenó el llamado 真理标准大讨论 Zhēnlǐ biāozhǔn dà tǎolùn, "Debate sobre el criterio de verdad", uno de los episodios fundamentales de la lucha por la redefinición de la legitimidad política después de la presidencia de 毛泽东 Máo Zédōng.
La conexión del debate con la literatura de cicatrices no debe entenderse como una relación mecánica de causa y efecto. Son fenómenos diferentes. Pero ambos participaron de una transformación común: el pasado comenzaba a ser evaluado por sus consecuencias concretas y no únicamente por la autoridad de quienes habían dictado las políticas. La literatura hacía visible esa evaluación en forma de experiencia humana.
Un artículo teórico podía afirmar que una política debía juzgarse por sus resultados. Una novela podía mostrar qué significaba ese principio en la vida de una joven que llegaba demasiado tarde al lecho de muerte de su madre. En ese sentido, La cicatriz puede leerse como una especie de experimento moral narrativo: ¿qué ocurre cuando una sociedad convierte la obediencia ideológica en criterio supremo y permite que la política determine quién merece ser padre, madre, hijo, amigo o enemigo?
La respuesta está en el título. Una política puede terminar. Una campaña puede terminar. Incluso una condena injusta puede ser revocada. Pero una relación humana destruida por esa política no necesariamente puede reconstruirse.
El llanto y sus límites
La literatura de cicatrices abrió, por tanto, un espacio nuevo para la expresión del dolor. Pero sería demasiado sencillo describir este fenómeno como una súbita liberación de la subjetividad individual: el nuevo espacio tenía límites.
Una buena parte de la literatura de cicatrices identificaba el origen del desastre con los excesos de la Revolución Cultural y, especialmente, con la 四人帮 Sìrénbāng, Banda de los Cuatro. Esa interpretación permitía condenar los sufrimientos del pasado sin poner necesariamente en cuestión la legitimidad del sistema político en su conjunto. De hecho, la producción de estas obras recibió apoyo y difusión a través de órganos oficiales, y el movimiento contribuyó a la legitimación del nuevo período político.
Esto explica una paradoja fundamental. La literatura de cicatrices podía ser, simultáneamente, una literatura de denuncia y una literatura de legitimación. Denunciaba la destrucción de vidas, familias y carreras producida durante la Revolución Cultural. Pero esa denuncia podía ser incorporada al relato político del nuevo período: reconocer las heridas del pasado demostraba que el nuevo liderazgo estaba dispuesto a corregir sus errores. El llanto, entonces, no era simplemente subversivo, era también políticamente utilizable.
Esto no significa que los escritores o los lectores fueran meros instrumentos de una estrategia estatal. La enorme cantidad de cartas recibidas por 卢新华 Lú Xīnhuá muestra precisamente lo contrario: los lectores utilizaron la literatura para formular experiencias que durante años habían carecido de una forma pública adecuada.
La relación entre literatura y poder fue, por tanto, más ambigua: el Estado abrió determinados espacios de expresión porque esos espacios servían a su propia transformación política, pero los lectores llenaron esos espacios con recuerdos, pérdidas y sentimientos que excedían cualquier programa oficial.
Una sociedad que aprende a llorar
La cicatriz resulta especialmente significativa porque no presenta a su protagonista como una heroína que haya descubierto desde el principio la verdad. 王晓华 Wáng Xiǎohuá se equivoca: cree las acusaciones y rompe con su madre. Solo después de su exoneración política comprende. Esa estructura es importante porque desplaza la tragedia desde la simple persecución de los inocentes hacia un problema mucho más profundo: la interiorización de la ideología por parte de las propias víctimas.
王晓华 Wáng Xiǎohuá no es solamente víctima de quienes persiguieron a su madre. Es también víctima de una moral que consiguió convencerla de que abandonar a su madre era lo correcto. Por eso la herida es doble, porque así como la madre pierde a su hija, la hija pierde a su madre. Y, cuando finalmente descubre que ambas habían sido separadas por una acusación injusta, ya no queda ninguna reparación posible.
Ese es quizá el sentido más profundo de la literatura de cicatrices: no solamente recordar lo que ocurrió, sino mostrar que una sociedad puede necesitar años para descubrir qué clase de daño produjo aquello que durante años había llamado "revolución".
En diciembre de 1978, la Tercera Sesión Plenaria del XI Comité Central institucionalizó el gran viraje político que conduciría a la 改革开放 gǎigé kāifàng, Reforma y Apertura. La literatura de cicatrices no fue la causa de ese viraje, pero formó parte de la nueva atmósfera intelectual que permitió mirar retrospectivamente la Revolución Cultural como una experiencia de destrucción que debía ser superada.
La literatura había hecho algo que los documentos políticos no podían hacer con la misma eficacia: había puesto un rostro, una familia y una pérdida irreparable allí donde hasta entonces había habido categorías ideológicas. Y quizá por eso tantas personas lloraron al leerla. No lloraban únicamente por 王晓华 Wáng Xiǎohuá. Lloraban porque, por primera vez, podían reconocer públicamente sus propias cicatrices.
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