" ¿Quién tiene la última palabra sobre la verdad? China y el debate filosófico de 1978

¿Quién tiene la última palabra sobre la verdad? China y el debate filosófico de 1978

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El detonante: un debate filosófico en la primera plana

El 11 de mayo de 1978, el periódico 光明日报 Guāngmíng Rìbào publicó en su portada un extenso ensayo firmado por 本报特约评论员 Běnbào tèyuē pínglùnyuán, "Comentarista especial de este periódico". Llevaba un título categórico:

《实践是检验真理的唯一标准》

Shíjiàn shì jiǎnyàn zhēnlǐ de wéiyī biāozhǔn

 
La práctica es el único criterio para comprobar la verdad.

El texto original había sido redactado meses antes por 胡福明 Hú Fúmíng, profesor del Departamento de Filosofía de la Universidad de 南京 Nánjīng, y revisado sucesivamente por teóricos y redactores vinculados a la Escuela Central del Partido. Antes de su publicación en 光明日报 Guāngmíng Rìbào, el texto había circulado el 10 de mayo en《理论动态》Lǐlùn dòngtài, publicación interna de la Escuela Central del Partido. Aquella publicación desató de inmediato una discusión a escala nacional: la 真理标准问题大讨论 zhēnlǐ biāozhǔn wèntí dà tǎolùn, gran debate sobre la cuestión del criterio de verdad.

Hay, sin embargo, un detalle aparentemente menor que permite comprender la importancia filosófica del texto. En sus primeras versiones, el título era 《实践是检验真理的标准》Shíjiàn shì jiǎnyàn zhēnlǐ de biāozhǔn, “La práctica es el criterio para comprobar la verdad”. Durante el proceso de revisión se incorporó el término 唯一 wéiyī, “único”, de modo que la afirmación pasó a sostener que la práctica no era simplemente un criterio de verdad, sino el único criterio.

La diferencia no es trivial. No es lo mismo afirmar que la práctica constituye uno de los medios mediante los cuales podemos poner a prueba una teoría que afirmar que ninguna otra instancia puede desempeñar esa función de manera definitiva. La autoridad, la tradición o la fidelidad a un texto pueden conservar importancia, pero ya no pueden convertirse por sí mismas en una garantía de verdad.

Conviene, sin embargo, precisar desde el inicio otro matiz fundamental: la tesis no era una invención teórica de 1978. Procedía del núcleo mismo del materialismo marxista, desde Karl Marx en sus Tesis sobre Feuerbach hasta Vladimir Lenin en Materialismo y empiriocriticismo, y había sido articulada por el propio 毛泽东 Máo Zédōng en su tratado de 1937《实践论》Shíjiàn lùn, “Sobre la práctica”.

Lo verdaderamente disruptivo no residía, por tanto, en la novedad filológica del enunciado, sino en su función política y hermenéutica tras el final de la Revolución Cultural: utilizar el canon filosófico marxista para cuestionar el dogmatismo imperante. El debate no necesitaba rechazar el marxismo para cuestionar una determinada interpretación del marxismo. Podía utilizar los propios principios de la tradición para preguntar si las formulaciones teóricas debían quedar sometidas a la prueba de la realidad.

El nudo epistemológico

En un nivel estrictamente conceptual, el debate plantea una pregunta epistemológica elemental: ¿cómo verificamos que una proposición teórica se corresponde con lo real?

La formulación marxista clásica sostiene que el criterio no puede residir exclusivamente en la conciencia, ni en la coherencia puramente formal del discurso, sino que debe encontrarse en la práctica (实践 shíjiàn). Conviene aquí distinguir, sin embargo, tres cuestiones que a menudo se confunden: qué es la verdad, cómo adquirimos conocimiento y cómo podemos distinguir una afirmación verdadera de una falsa. La fórmula de 1978 se refiere fundamentalmente a esta última cuestión: al criterio de verdad.

Esta distinción es importante porque decir que la práctica es el criterio de verdad no significa necesariamente que la práctica “produzca” la verdad, ni que sea verdadero todo aquello que simplemente funciona. La tesis sostiene, más precisamente, que nuestras afirmaciones sobre la realidad deben poder ser confrontadas con la realidad misma. La práctica constituye así el ámbito en el que una teoría puede ser confirmada, corregida o rechazada.

Ahora bien, una afirmación de esta naturaleza desplaza de inmediato el problema hacia la definición del término. ¿Es la práctica la mera experiencia sensorial inmediata? ¿Es la actividad productiva y material? ¿Es la contrastación por medio de un experimento científico? ¿Es la acción y la movilización política? ¿O es el resultado histórico y la capacidad efectiva de transformar las condiciones materiales de una sociedad?

La concepción marxista no reduce la práctica a una simple acumulación de experiencias. En ella, la práctica es la actividad material y social mediante la cual los seres humanos se relacionan con la realidad y la transforman. Por eso la relación entre teoría y práctica no puede entenderse como un proceso en el que una teoría recibe una vez y para siempre un veredicto de la realidad. La práctica puede corroborar una teoría, pero también producir nuevos problemas que obliguen a modificarla. Teoría y práctica se encuentran así en una relación dinámica: la teoría orienta la acción, la acción produce resultados y esos resultados permiten revisar nuevamente la teoría.

Al resolver esta cuestión, surge inevitablemente un segundo problema, cualitativamente más delicado: si la práctica histórica es el criterio mediante el cual debemos poner a prueba nuestras afirmaciones, ¿quién determina qué nos ha enseñado la práctica?

La realidad no habla por sí misma mediante proposiciones filosóficas. Los acontecimientos deben ser observados, comparados e interpretados. Una política puede producir determinados resultados y, sin embargo, habrá que decidir qué resultados son relevantes, durante cuánto tiempo deben observarse y qué consecuencias teóricas permiten extraer de ellos.

Aquí la cuestión epistemológica vuelve a encontrarse con la política. El problema ya no consiste solamente en decidir si una autoridad puede declarar qué es verdadero, sino también en determinar quién puede interpretar la realidad y quién puede corregir esa interpretación.

La cuestión de fondo: la ortodoxia de los dos 凡是 fánshì

Para comprender la magnitud de la conmoción que causó el artículo, es necesario situarse en la correlación de fuerzas inmediatamente posterior a la muerte del presidente 毛泽东 Máo Zédōng (1976). La dirección encabezada por 华国锋 Huá Guófēng se sostenía teóricamente sobre la consigna conocida como 两个凡是 liǎng gè fánshì, "dos totalidades", formulada formalmente en un editorial conjunto en febrero de 1977: 

凡是毛主席作出的决策,我们都坚决维护; 

Fánshì Máo zhǔxí zuòchū de juécè, wǒmen dōu jiānjué wéihù;

Todo lo que haya decidido el presidente Máo, lo defenderemos firmemente; 

凡是毛主席的指示,我们都始终不渝地遵循。 

fánshì Máo zhǔxí de zhǐshì, wǒmen dōu shǐzhōng bùyú de zūnxún.

 
todas las directivas que haya dado el presidente Máo, las seguiremos inquebrantablemente.

Las 两个凡是 liǎng gè fánshì, "dos totalidades", no constituían en sí mismas una teoría filosófica de la verdad, sino una regla de fidelidad política. Su consecuencia epistemológica, sin embargo, era de enorme importancia: si toda decisión del presidente Máo debía ser defendida y toda indicación suya debía ser seguida, ¿qué instancia podía determinar que una de ellas había sido equivocada?

Bajo esta premisa, una afirmación de autoridad corría el riesgo de quedar protegida de antemano contra la posibilidad de error. La cuestión no era simplemente cuánto poder poseía un dirigente, sino si una autoridad humana podía convertirse en una instancia inmune a la revisión. Si la palabra de una autoridad debía conservar su validez independientemente de los resultados posteriores, la posibilidad misma de someterla a prueba quedaba anulada.

El conflicto de 1978 no fue, por tanto, un mero forcejeo burocrático por el poder, aunque la lucha por el poder fuera inseparable de él. También fue un choque entre dos maneras de entender la relación entre autoridad y verdad: por un lado, una concepción en la que la corrección de una decisión estaba estrechamente vinculada a la autoridad de quien la había formulado; por otro, una concepción práctico-materialista según la cual las afirmaciones teóricas y las líneas políticas debían poder ser examinadas a la luz de sus resultados en la realidad histórica.

La palabra 唯一 wéiyī, “único”, adquiría aquí todo su peso. Si la práctica era el único criterio, ninguna autoridad podía constituirse de antemano en garante infalible de la verdad.

胡耀邦 Hú Yàobāng y el renacimiento de la filosofía como crítica

En este escenario, el papel de figuras como 胡耀邦 Hú Yàobāng, entonces al frente de la Escuela Central del Partido y vinculado también al Departamento de Organización, resultó decisivo. A través de la publicación interna《理论动态》Lǐlùn dòngtài y de su respaldo a intelectuales marginados durante la década anterior, impulsó la rehabilitación de cuadros perseguidos y promovió un clima de reapertura intelectual. La discusión sobre el criterio de verdad no quedó confinada a los departamentos universitarios de filosofía: también se desarrolló dentro de la propia Escuela Central del Partido, donde los futuros cuadros dirigentes discutían la experiencia de la Revolución Cultural y la relación entre teoría y práctica.

Reducir este período a una disputa facciosa entre 邓小平 Dèng Xiǎopíng y 华国锋 Huá Guófēng oscurece la densidad del fenómeno. Lo que estaba teniendo lugar en las universidades, los comités teóricos, las publicaciones especializadas y los órganos de formación política era también la recuperación de la filosofía como actividad crítica. Tras una década de consignas petrificadas y citas descontextualizadas del Libro Rojo, el pensamiento filosófico volvía a reclamar la posibilidad de examinar la realidad concreta y, con ella, las propias formulaciones teóricas.

Esto explica la particular importancia del debate. No se trataba simplemente de sustituir una doctrina por otra, sino de recuperar la posibilidad de preguntar si una doctrina podía estar equivocada. La cuestión filosófica adquiría así una dimensión política inmediata: ¿puede una sociedad corregir sus propias ideas cuando la experiencia histórica demuestra que son insuficientes?

邓小平 Dèng Xiǎopíng y la resignificación de 实事求是 shíshì qiúshì

El desenlace de este giro teórico quedó consagrado en el célebre discurso pronunciado por 邓小平 Dèng Xiǎopíng el 13 de diciembre de 1978, en la clausura de la Conferencia de Trabajo Central previa al histórico Tercer Pleno del XI Comité Central:

《解放思想,实事求是,团结一致向前看》

Jiěfàng sīxiǎng, shíshì qiúshì, tuánjié yízhì xiàng qián kàn

Emancipar la mente, buscar la verdad en los hechos, unirnos y mirar hacia adelante.

En el núcleo de esta formulación reaparece un concepto fundamental sintetizado en el 成语 chéngyǔ 实事求是 shíshì qiúshì: buscar la verdad a partir de los hechos.

Lejos de ser un neologismo del Partido Comunista, la expresión hunde sus raíces en la historiografía clásica china. Aparece originalmente en el《汉书》Hànshū, Libro de Hàn, redactado por 班固 Bān Gù en el siglo I d.C., en el capítulo《河间献王传》Héjiān Xiàn wáng zhuàn, "Biografía del rey Xiàn de Héjiān". Allí se describe la labor filológica y erudita del príncipe 刘德 Liú Dé con la fórmula: 修学好古,实事求是 xiūxué hào gǔ, shíshì qiúshì, "cultivaba el estudio, amaba la antigüedad y buscaba la verdad a partir de los hechos", aludiendo a la búsqueda rigurosa de fuentes fidedignas frente a las interpretaciones arbitrarias.

Siglos más tarde, en su ensayo de 1941《改造我们的学习》Gǎizào wǒmen de xuéxí, "Transformemos nuestro estudio", el líder revolucionario 毛泽东 Máo Zédōng había retomado la frase clásica dotándola de una lectura dialéctica: 实事 shíshì son los hechos; 是 shì es el orden y las leyes internas de la realidad; 求qiú es la investigación metódica.

En 1978, 邓小平 Dèng Xiǎopíng recuperó esta noción para convertirla en uno de los ejes ideológicos del proceso de reforma. Si las políticas anteriores no habían logrado resolver determinados problemas sociales y económicos, aferrarse a ellas por mera fidelidad a formulaciones del pasado contradecía el principio de investigar la realidad concreta. La cuestión ya no era simplemente qué había dicho una autoridad, sino qué podía aprenderse de la experiencia histórica.

La verdad frente a la autoridad

Suele afirmarse en los manuales de historia que la discusión sobre el criterio de verdad despejó el camino para la política de 改革开放 gǎigé kāifàng, "reforma y apertura". Si bien esto es históricamente indudable, la conclusión resulta insuficiente desde el punto de vista filosófico.

La controversia sobre el 真理标准问题 zhēnlǐ biāozhǔn wèntí, problema del criterio de verdad, no fue un debate escolástico sobre categorías desvinculadas del mundo social. Fue un proceso en el que se articularon de manera viva nociones como 真理 zhēnlǐ, verdad; 实践 shíjiàn, práctica; 事实 shìshí y 实事 shíshì, hechos y realidad efectiva; 权威 quánwēi, autoridad; y 思想 sīxiǎng, pensamiento.

Obligó a una generación de intelectuales y dirigentes a encarar un dilema que atraviesa toda la historia de la filosofía política: ¿qué ocurre cuando una teoría de la verdad deja de funcionar como instrumento de legitimación de una autoridad y se convierte en una herramienta para someter las propias afirmaciones de esa autoridad a examen?

La respuesta de 1978 fue que ninguna formulación teórica debía quedar fuera de la posibilidad de ser confrontada con la realidad. Pero esta respuesta contenía una dificultad que sigue siendo filosóficamente relevante: la práctica no elimina la necesidad de interpretar. Los hechos pueden mostrar que una política ha producido determinados resultados, pero alguien debe decidir qué resultados son significativos, cómo deben explicarse y qué consecuencias tienen para la teoría.

Por eso la discusión de 1978 no resolvió simplemente el problema de la autoridad; lo desplazó. La pregunta dejó de ser únicamente quién puede declarar qué es verdadero y pasó a ser también quién tiene derecho a interpretar lo que la práctica demuestra.

Al proclamar que solo la práctica podía funcionar como criterio último de verdad, el pensamiento chino posterior a la Revolución Cultural abrió un espacio para la revisión de las doctrinas y para la corrección de las políticas a partir de la experiencia histórica. La teoría ya no podía cerrarse sobre sí misma ni quedar protegida de antemano por la autoridad de quien la había formulado.

La gran discusión de 1978 fue, en este sentido, algo más que el episodio intelectual que precedió a la reforma. Fue una discusión sobre la posibilidad misma del error y, por tanto, sobre la posibilidad de corregirlo. Si ninguna autoridad puede decidir por sí sola qué es verdadero, la filosofía vuelve a adquirir una función esencial: investigar la realidad, examinar las interpretaciones que hacemos de ella y mantener abierta la posibilidad de que nuestras propias certezas deban ser revisadas.

Díaz, M. E. y Torres, L. N. (20 de agosto de 2026). ¿Quién tiene la última palabra sobre la verdad? China y el debate filosófico de 1978. China desde el Sur. https://www.chinadesdeelsur.com/2026/08/quien-tiene-la-ultima-palabra-sobre-la.html

 


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