La hegemonía del 新儒家 xīn rú jiā, Nuevo confucianismo
Durante gran parte del siglo XX, el panorama intelectual de la filosofía china estuvo dominado por el surgimiento y la consolidación del 新儒家 xīn rú jiā, Nuevo Confucianismo. Este movimiento, impulsado en sus inicios por figuras como 熊十力 Xióng Shílì y más tarde sistematizado por 牟宗三 Móu Zōngsān y 唐君毅 Táng Jūnyì, se presentó como la respuesta necesaria ante la crisis de identidad cultural provocada por el encuentro con la modernidad occidental.
El hito definitorio de esta hegemonía fue el 为世界说明中国文化宣言 Wèi shì jiè shuō míng zhōng guó wén huà xuān yán, "Manifiesto a los académicos del mundo sobre la cultura china" de 1958. En este documento, el Nuevo Confucianismo se posicionó como el guardián de la esencia nacional (国粹, guócuì), centrando toda la vitalidad del pensamiento chino en moral. Bajo esta lente, la tradición china se redujo a una búsqueda de la subjetividad moral, donde el confucianismo era el tronco y el taoísmo o el budismo eran vistos como recursos complementarios o, en el peor de los casos, filosofías del retiro y la pasividad.
El giro historiográfico. El reclamo de la pluralidad
Hacia finales del siglo XX y principios del XXI, esta hegemonía comenzó a ser cuestionada. La necesidad de una revisión historiográfica surge de dos frentes. Por un lado, el aporte arqueológico del descubrimiento de manuscritos como los de 郭店 Guōdiàn reveló que la distinción entre escuelas en el período de los Reinos Combatientes era mucho más fluida de lo que la ortodoxia confuciana posterior quiso admitir. Por otro lado, filósofos como 陈鼓应 Chén Gǔyìng comenzaron a argumentar que la fijación en la moralidad social del confucianismo había oscurecido la profundidad ontológica del taoísmo, la cual ofrece una base mucho más amplia para entender la relación entre el ser humano, la técnica y la naturaleza.
Esta revisión no busca simplemente sustituir una escuela por otra, sino restaurar la pluralidad original del pensamiento chino, reconociendo que el tronco de su cultura es, en realidad, una estructura mucho más compleja y antigua de lo que el relato del siglo XX nos permitió ver. Si el confucianismo nos enseñó cómo vivir en sociedad, el taoísmo nos enseñó qué es la vida en sí misma. Es hora de preguntarnos si hemos estado confundiendo las reglas del juego con el tablero sobre el cual se juega.
La prioridad del Dào 道 dào sobre el Lǐ 礼 lǐ
La historiografía tradicional, influenciada por el canon confuciano, ha presentado a menudo el 礼 lǐ, rito, como el principio organizador supremo de la civilización china. Sin embargo, la propuesta del Nuevo taoísmo sostiene que el rito, por su propia naturaleza, es una categoría derivada y contingente, mientras que el 道 dào representa la fuente absoluta y pre-existente.
En el pensamiento de los Reinos Combatientes, el 道 dào no se limita a un código de conducta, sino que constituye la estructura misma de la realidad. Mientras que el rito es una construcción humana destinada a regular las jerarquías sociales y los vínculos familiares, el 道 dào abarca la totalidad de lo existente: lo visible y lo invisible, lo humano y lo no-humano.
El rito es específico de la cultura humana y varía según el tiempo y el espacio. En cambio, el 道 dào es un principio que se manifiesta por sí, 自然 zìrán, una naturalidad que rige tanto el movimiento de los astros como el flujo de la vida biológica.
La exégesis moderna de los textos de 郭店 Guōdiàn demuestra que los filósofos de este periodo no veían una ruptura total entre ambos conceptos, sino una subordinación necesaria. El 礼 lǐ debe ser la expresión externa de una armonía interna que solo se alcanza mediante la comprensión del 道 dào.
La tesis de 陈 Chén es que el "tronco" es el 道 dào porque es el único concepto capaz de integrar la metafísica, la estética y la política en un todo coherente. El 礼 lǐ es la herramienta, pero el 道 dào es el fundamento. Como dice el capítulo 38 de 老子 Lǎozǐ:
故失道而后德,失德而后仁,失仁而后义,失义而后礼。
Gù shī dào ér hòu dé, shī dé ér hòu rén, shī rén ér hòu yì, shī yì ér hòu lǐ.
Por lo tanto, perdido el dào, surge la virtud; perdida la virtud, surge el humanitarismo; perdido el humanitarismo, surge la justicia; perdida la justicia, surge el rito.
El aporte de 陈鼓应 Chén Gǔyìng. La unión de la filología y el existencialismo
Para 陈 Chén, la filología no es un fin en sí mismo, sino un medio para limpiar las capas de interpretación moralista que el confucianismo imperial depositó sobre los textos taoístas. Utiliza los textos de bambú descubiertos en 郭店 Guōdiàn para demostrar que el taoísmo original no era una filosofía del escapismo o la pasividad, sino una propuesta de alta densidad política y humana. Al analizar las variantes de caracteres en el 老子 Lǎozǐ de este yacimiento arqueológico, recupera un pensamiento que es anterior a la cristalización de las escuelas y que posee una frescura ontológica única.
El aporte metodológico de 陈 Chén transforma la lectura de los clásicos en una filosofía de la vida. En sus manos, los Reinos Combatientes dejan de ser un periodo histórico lejano para convertirse en un espejo de los siglos XX y XXI: una época de colapso de viejos valores donde el individuo debe encontrar su propio 道 dào en medio del caos.
Esta síntesis permite que su obra sea leída con igual provecho por un especialista en lingüística que busca la precisión de una glosa y por un estudiante de filosofía que busca respuestas al sinsentido de la alienación moderna.
El taoísmo como fundamento de una pluralidad posible
La revisión historiográfica impulsada por 陈鼓应 Chén Gǔyìng no pretende simplemente invertir una jerarquía para sustituir al confucianismo por el taoísmo. Su verdadero valor reside en la restauración de la pluralidad original del pensamiento chino, recordándonos que antes de la cristalización de las ortodoxias imperiales, existía un diálogo vibrante donde el 道 dào operaba como el suelo fértil sobre el cual crecían las diversas ramas de la ética y la política.
Al situar la naturalidad y la espontaneidad como las raíces de la cultura, la propuesta de 陈 Chén ofrece una alternativa vital ante la rigidez de las estructuras normativas. El reconocimiento del taoísmo como "tronco" permite una identidad cultural menos dogmática y más adaptable, capaz de dialogar no solo con la modernidad europea, sino con los desafíos globales de la técnica y la crisis ecológica.
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