" La rectificación de los nombres. Descolonizando el 'mandarín' y sus topolectos

La rectificación de los nombres. Descolonizando el 'mandarín' y sus topolectos

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Si sigues nuestra página desde hace un tiempo, habrás notado una particularidad en nuestra línea editorial: evitamos sistemáticamente el uso de la palabra "mandarín". No es un descuido, sino una decisión consciente.

Al adentrarnos en el estudio de la lengua y la filosofía chinas, nos topamos con términos que damos por sentados pero que, bajo la lupa, revelan sesgos históricos. Vamos a fundamentar por qué conviene hablar de 汉语 hànyǔ中文 zhōngwén o 普通话 pǔtōnghuà o, si queremos usar el español, "chino", "chino moderno" o "lengua china". Veremos también qué riqueza lingüística ocultamos cuando simplificamos el mapa sonoro de China bajo la etiqueta de "dialectos". 

"Mandarín": un fantasma colonial

El término "mandarín" es un caso de manual de lo que podríamos llamar "inercia lingüística". Lo usamos porque es la convención en lengua inglesa, pero está lejos de ser una denominación autóctona. Es un exónimo, un nombre puesto desde fuera.

Etimológicamente, no tiene nada que ver con China. Proviene del portugués mandarim, que a su vez deriva del malayo mĕntĕri, y este del sánscrito मन्त्रिन् mantrin (consejero o ministro). Los exploradores y comerciantes portugueses del siglo XVI comenzaron a usar este término para referirse a los burócratas y funcionarios eruditos de la corte imperial. 

Con el tiempo, se produjo una metonimia: el nombre del cargo pasó a designar la lengua que estos funcionarios utilizaban para entenderse entre sí en la administración del vasto imperio: el 官话 guānhuà, literalmente "el habla de los funcionarios". Por tanto, seguir llamándolo "mandarín" hoy en día es perpetuar una categoría administrativa de la era colonial europea, que mira a la lengua china a través del filtro de sus antiguos burócratas, en lugar de reconocer su autodenominación moderna.

Si no es mandarín, ¿qué se habla en China?

Para ser precisos y evitar categorías eurocéntricas, debemos hilar fino con la terminología que los propios hablantes utilizan, ya que cada palabra recorta la realidad de una manera distinta. Si elegimos nombrar la lengua en nuestro maravilloso español, "chino", "chino moderno" o "lengua china" son suficientes para contextos generales.

El término más extendido y culturalmente abarcador es 中文 zhōngwén. Literalmente "escritura" o "cultura" china, es la palabra que engloba tanto la lengua hablada como la escrita, con un fuerte énfasis en la civilización que la sustenta. Es el término que verás en los departamentos de literatura y el que se suele usar de forma genérica para referirse al idioma.

En un contexto más estrictamente lingüístico o académico, se utiliza 汉语 hànyǔ ("lengua de los hàn"). Este término subraya el carácter étnico: es el idioma de la etnia mayoritaria hàn, en contraposición a las lenguas de otras etnias que conviven en China (como el tibetano, el uigur o el mongol). Es el término técnico preferido en la enseñanza de lenguas (como en el examen HSK o 汉语水平考试 Hànyǔ Shuǐpíng Kǎoshì, el examen de nivel de chino, el estándar oficial).

Finalmente, tenemos el 普通话 pǔtōnghuà, que significa literalmente "lengua común". No es un sinónimo directo de "idioma chino", sino el nombre de la norma estándar. Es una construcción política y educativa moderna basada en la fonología de Beijing, diseñada para la unificación nacional. Uno no "habla" 普通话 pǔtōnghuà en contraposición al español, sino en contraposición a un topolecto regional o a un acento muy cerrado. Es el estándar que se exige a los locutores de noticias y en las escuelas, pero rara vez es la palabra que alguien usa para definir su lengua materna en un contexto afectivo o literario.

Por tanto, usar "mandarín" no solo es anacrónico, sino que aplana estas ricas distinciones entre la lengua china (中文 zhōngwén), la etnia (汉语 hànyǔ) y la norma política (普通话 pǔtōnghuà).

Más allá del "dialecto": El concepto de topolecto

Aquí llegamos al punto más fascinante y complejo. A menudo se dice que en China se hablan "muchos dialectos". Sin embargo, esta afirmación es problemática desde el punto de vista de la lingüística general.

Solemos definir "dialecto" como una variante regional que es mutuamente inteligible con la lengua estándar (como el español de Buenos Aires respecto al de Madrid). Pero en China, lo que se traduce como "dialectos" (como el cantonés o el shanghainés) son, en realidad, lenguas mutuamente ininteligibles con el 普通话 pǔtōnghuà.

Un hablante nativo de 上海 Shànghǎi y uno de 北京 Běijīng, si hablaran cada uno su lengua vernácula, no se entenderían. Y no se trata solo de pronunciación: la distancia gramatical y léxica entre los topolectos es abismal. Mientras que las lenguas romances europeas (como el francés y el italiano) comparten un ancestro común relativamente reciente (el latín vulgar), la separación entre las distintas ramas del chino es mucho más antigua y compleja. Algunos grupos, como el 闽 mǐn, se separaron del tronco común hace milenios, evolucionando de forma paralela y divergente, sin pasar por los mismos estadios históricos que los dialectos del norte. No estamos ante variaciones de una misma "lengua madre" reciente, sino ante una familia de lenguas con trayectorias históricas propias.

Por eso, siguiendo la propuesta del gran sinólogo Victor Mair (1991), sería preferible usar el término topolecto. Esta es una traducción literal y neutra del término chino 方言 fāngyán ("habla de un lugar"). "Topolecto" nos permite describir estas variedades sin la carga política de degradarlas a meros "dialectos" ni la necesidad de declarar a cada una como un "idioma" nacional independiente, lo cual entraría en conflicto con la identidad cultural unificada de China.

Un mapa sonoro diverso

La diversidad de los 方言 fāngyán es inmensa. Aunque hay cientos de variantes locales, los lingüistas (Kurpaska, 2010) suelen clasificarlos en diez grandes grupos. Estos son algunos de los más relevantes:

  • 官话 Guānhuà (lengua oficial): Es la base del estándar y el grupo más extendido geográficamente, abarcando todo el norte y suroeste, desde 北京 Běijīng hasta 四川 Sìchuān.

  • 吴语 Wúyǔ: Predominante en la zona del delta del río 长江 Chángjiāng (Yangtze), abarcando 上海 Shànghǎi, gran parte de 浙江 Zhèjiāng y el sur de 江苏 Jiāngsū. Es conocido por conservar las consonantes sonoras (o "turbias") del chino medio, lo que le da una sonoridad suave y fluida.

  • 粤语 Yuèyǔ (cantonés): Hablado en 广东 Guǎngdōng, 香港 Xiānggǎng (Hong Kong), 澳门 Àomén (Macao) y gran parte de la diáspora china. Posee una tradición cultural y pop (cine, música) extremadamente vigorosa y conserva las consonantes finales del chino antiguo (-p, -t, -k, -m) que el estándar ha perdido.

  • 闽语 Mǐnyǔ: El grupo más complejo y diverso internamente, predominante en la montañosa provincia de 福建 Fújiàn, el Este de 广东 Guǎngdōng y en 台湾 Táiwān (donde la variante local se conoce como taiwanés). Debido a la separación temprana del tronco común, conserva rasgos muy arcaicos.

  • 客家语 Kèjiāyǔ (Hakka): Su nombre significa literalmente "lengua de las familias invitadas" (客 kè: huésped/invitado; 家 jiā: familia). Esto se debe a que sus hablantes descienden de grupos que migraron desde las llanuras centrales del norte hacia el sur en sucesivas oleadas históricas huyendo de guerras. Al llegar al sur, encontraron las mejores tierras ya ocupadas por los locales, por lo que tuvieron que asentarse en zonas montañosas y fronterizas. Por esta razón, a diferencia de los otros grupos que tienen una base territorial continua, el hakka existe en comunidades dispersas a través de 广东 Guǎngdōng, 福建 Fújiàn, 江西 Jiāngxī y 台湾 Táiwān.

La unidad en la escritura

Si estas lenguas orales son tan distintas, ¿por qué decimos que China es una civilización unitaria? La respuesta está en los 汉字 hànzì, los caracteres chinos.

A diferencia de los alfabetos fonéticos, los caracteres representan morfemas (significados) más que sonidos exactos. Esto permite que un hablante de 粤语 yuèyǔ y uno de 普通话 pǔtōnghuà puedan leer el mismo periódico o texto clásico. Aunque pronunciarán cada carácter de forma totalmente distinta, el significado se mantiene. La escritura ha sido, durante milenios, el gran aglutinante cultural que ha permitido la convivencia de esta vibrante diversidad de topolectos.

Más allá del trazo estándar: Escrituras vernáculas y alfabetos de la estepa

Si bien hemos afirmado que los 汉字 hànzì actúan como el gran unificador cultural de China, sería un error asumir que el paisaje gráfico de la región es monolítico. Al observar con detenimiento, encontramos grietas fascinantes en esa uniformidad: desde adaptaciones vernáculas para escribir los topolectos hasta sistemas de escritura completamente ajenos a la lógica sínica, preservados por minorías étnicas y contextos históricos específicos.

Cuando el topolecto se escribe: El caso del cantonés

Aunque la escritura oficial sigue la gramática y el léxico del estándar 普通话 pǔtōnghuà, los hablantes de ciertos topolectos han desarrollado sistemas para transcribir su oralidad. El caso más vibrante es el del 粤语 yuèyǔ (cantonés).

En Hong Kong y en los foros de internet, es común ver caracteres que no existen en el diccionario estándar o que se usan con significados radicalmente distintos. Por ejemplo, para negar, el estándar usa 不 bù o 没 méi; el cantonés escrito vernáculo usa el carácter 冇 mǎo (que visualmente es un "tener" 有 yǒu al que le falta el trazo interior), indicando "no tener". Del mismo modo, usan 嘅 gě como partícula posesiva en lugar del estándar 的 de. Estas "escrituras dialectales" son actos de resistencia identitaria que permiten que la lengua respire en el papel (o en la pantalla) con su propia sintaxis (Snow, 2004).

La belleza vertical: El manchú y el mongol

Sin embargo, la diversidad gráfica más impactante aparece cuando salimos de la familia sínica. Mencionaremos dos casos que, aunque históricamente entrelazados, representan una lógica visual opuesta a la del carácter cuadrado chino: las escrituras de la estepa

El sistema de escritura del 蒙古文 měnggǔwén (mongol) es una herencia de la Ruta de la Seda. Deriva del alfabeto uigur antiguo, que a su vez proviene del sogdiano y, en última instancia, del arameo. A diferencia del chino, es un sistema fonético y se escribe en columnas verticales de izquierda a derecha. Es una escritura cursiva y continua, donde las palabras parecen hilos que caen, con una estética fluida inconfundible.

Es fascinante observar la situación geopolítica de esta escritura. Mientras que en el país de Mongolia se adoptó el alfabeto cirílico bajo influencia soviética en el siglo XX, en la región autónoma de 内蒙古 Nèiměnggǔ (Mongolia Interior), dentro de China, se ha conservado el uso oficial de la escritura tradicional mongola. Hoy en día, paradójicamente, para encontrar la escritura clásica mongola viva en la señalética pública, uno debe mirar dentro de las fronteras de China.

Derivado directamente del mongol está el 满文 mǎnwén (manchú). Cuando los manchúes fundaron la dinastía 清 Qīng (1644-1911), adaptaron el alfabeto mongol añadiendo puntos y círculos a los trazos para distinguir sonidos específicos de su lengua tungús (de una familia lingüística diferente de la sinotibetana). El resultado es una escritura de gran elegancia visual que adornó los palacios imperiales. Aunque el manchú hablado es una lengua en peligro crítico de extinción, posee uno de los corpus escritos más vastos de Asia.

Finalmente, hacia el extremo Oeste, en la región de 新疆 Xīnjiāng, el panorama cambia radicalmente. El 维吾尔语 wéiwú'ěryǔ (uigur), una lengua túrquica, utiliza una escritura basada en el alfabeto perso-árabe. A diferencia de los caracteres chinos cuadrados, aquí impera la linealidad horizontal de derecha a izquierda y la curvatura propia de la caligrafía islámica, recordándonos que las fronteras culturales de lo que llamamos "China" son mucho más porosas y diversas de lo que el mapa político sugiere. 




Coblin, W. S. (2000). A Brief History of Mandarin. Journal of the American Oriental Society, 120(4), 537–552..

De Francis, J. (1984). The Chinese language: fact and fantasy,  Honolulu: University of Hawaii Press.

Elliott, M. C. (2001). The Manchu Way: The Eight Banners and Ethnic Identity in Late Imperial China. Stanford University Press.

Kurpaska, M. (2010). Chinese Language(s): A Look through the Prism of "The Great Dictionary of Modern Chinese Dialects". De Gruyter Mouton.

Mair, V. H. (1991). "What Is a Chinese 'Dialect/Topolect'? Reflections on Some Key Sino-English Linguistic Terms". Sino-Platonic Papers, 29, 1–31.

Rovira Esteva, S. (2010). Lengua y escritura chinas: Mitos y realidades, Barcelona, Edicions Bellaterra.

Snow, D. (2004). Cantonese as Written Language: The Growth of a Written Chinese Vernacular. Hong Kong University Press.

Sun, Chaofen (2006). Chinese. A Linguistic Introduction, Cambridge:  Cambridge University Press   

Yule, H., & Burnell, A. C. (1903). Hobson-Jobson: A Glossary of Colloquial Anglo-Indian Words and Phrases.



Díaz, M. E. y Torres, L. N. (8 de enero de 2026). La rectificación de los nombres. Descolonizando el 'mandarín' y sus topolectos. China desde el Sur. https://www.chinadesdeelsur.com/2026/01/la-rectificacion-de-los-nombres.html


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